En el Hotel Rural La Bolera, creemos que para disfrutar de nuestro valle no solo hay que mirarlo, hay que entenderlo. Si levantas la vista hacia las cumbres que nos rodean, estarás contemplando el escenario de una de las tradiciones más antiguas y fascinantes de León. Hablar de nuestra tierra es, inevitablemente, hablar de la vida pastoril que durante siglos marcó el ritmo de cada familia.
Descubriendo la esencia de Laciana: Brañas y trashumancia
Para entender quiénes somos, hay que comprender ese viaje vertical que realizaban nuestros antepasados. Las brañas y la trashumancia no son solo términos históricos; son el ADN de Laciana.
Las brañas son los pastos de altura donde el ganado subía a alimentarse durante los meses de verano, huyendo del calor de los valles. Pero para un lacianiego, la braña es mucho más que un prado. Es un conjunto arquitectónico único formado por cabanas (pequeñas construcciones de piedra con techos de losa o escoba) donde los pastores pernoctaban y elaboraban productos artesanales como la manteca y el queso.
Caminar hoy por lugares como la Braña de San Miguel o la de Rioscuro es hacer un viaje en el tiempo. El silencio solo se rompe por el sonido de los cencerros y el viento, permitiéndote imaginar la dureza y, a la vez, la libertad de la vida del "brañín".
El estilo de vida de los pastores de alzada
Antes de que el carbón transformara nuestra economía, Laciana era, ante todo, tierra de pastores. La trashumancia era un rito estacional que dictaba el calendario de la comarca:
- La subida. Con la llegada del buen tiempo, las familias y sus rebaños dejaban los pueblos para instalarse en las zonas altas.
- El estío. Meses de soledad productiva en la montaña, cuidando el ganado, vigilando la presencia del lobo y manteniendo vivas las praderas.
- La alzada. El regreso al calor del hogar en el valle antes de que las primeras nieves de octubre bloquearan los puertos.
Este movimiento no solo trasladaba animales, sino también cultura. En las brañas se perfeccionó el Patsuezu, nuestra variante dialectal asturleonesa, y se fraguaron las leyendas que aún hoy se cuentan al amor del fuego en las noches de invierno.
Un legado que puedes recorrer a pie
Hoy, muchas de estas brañas han sido restauradas y forman parte de las rutas de senderismo más espectaculares de la Cordillera Cantábrica.
- Vistas panorámicas. Al situarse en zonas elevadas, las brañas ofrecen las mejores postales de todo el Valle de Laciana.
- Arquitectura tradicional. Es la mejor forma de apreciar la maestría de la piedra seca y el ingenio de nuestros antepasados para adaptarse al clima extremo.
- Conexión con la naturaleza. Estas rutas atraviesan zonas donde habitan el rebeco, el águila real y, con suerte y mucha paciencia, el rastro del oso pardo.




